Voluntariado, Derechos Humanos e Interseccionalidad

El sábado 25 de mayo estuvimos en Yesca, el primer Foro Nacional de Voluntariado, invitadas por la DNPS-MIDES para dialogar sobre la importancia de la militancia por los Derechos Humanos desde una perspectiva interseccional.

El voluntariado y la militancia son dos actividades muy distintas. Sin embargo, comparten un mismo fin: la lucha por más derechos para todas las personas. Y en ambos casos se trata de destinar tiempo, energía, pienso y fuerzas a llevar adelante transformaciones necesarias para la sociedad. 

En este marco, un grupo de integrantes de las organizaciones que conforman Horizonte de Libertades estuvo en Yesca dialogando sobre la militancia en Derechos Humanos y la perspectiva interseccional.

Carla Méndez, de Mizangas Mujeres Afrodescendientes, abrió la mesa de intercambio haciendo hincapié en la responsabilidad que tenemos todas y todos de “usar la voz y el cuerpo para cambiar la realidad”. “Es importante cómo nos posicionamos cuando tomamos acción, cuando hablamos. Reflexionar sobre qué decimos y qué papel vamos a representar”, explicó. La lucha por los Derechos Humanos es constante y “al primer descuido todos los derechos conquistados pueden desaparecer si no tenemos una sociedad civil fuerte”, por lo que es importante “defender lo que creemos y unirnos con otras compañeras y compañeros”, manifestó.

En segundo lugar participó del intercambio Pablo Guerra, de MasVIHdas, quien contó sobre el nacimiento de la organización en la que milita, que hoy trabaja en diferentes ejes: como un espacio de contención entre pares, en la promoción de recursos y/o leyes para que exista una mejor atención y en la militancia a nivel social. En el marco de la militancia es que decidieron formar parte de Horizonte de Libertades, lo que les permitió entender y experimentar la interseccionalidad, y “ver lo que hay en común entre unos y otros”, explicó Pablo. “Yo puedo enriquecer mi lucha conociendo al otro y sabiendo qué es lo que le pasa. Mejoro yo, yo hacia el otro y el otro también hacia mí. Se trata de hablar y comunicarnos respetando la identidad del otro”, explicó.

Luego de Pablo tomó la palabra Luna Irazábal, de Ovejas Negras. Luna se encuentra en silla de ruedas y antes de que comenzara la mesa debió enfrentar la primera dificultad: el escenario del paraninfo de la Universidad es inaccesible.”Se logró la accesibilidad para poder escuchar, es muy simbólico que una persona que esté en silla de ruedas no pueda venir a usar su voz”, relató Luna luego de que se encontrara una solución provisoria para que subiera al escenario. Explicó que a cada grupo oprimido le ha costado “llegar a los ámbitos académicos y a poner la voz en espacios como estos”.Para Luna la cuestión a refexionar es “cómo actuar para potenciar acciones y lograr efectos más duraderos y completos”.

Cerró el intercambio Andrea Martínez de Mujeres en el Horno y Coordinadora de Horizonte de Libertades, con un llamado a participar y militar para defender los derechos alcanzados y lograr su ejercicio efectivo. “Uruguay ha avanzado con las leyes que tienen que ver con la ampliación y reconocimiento de Derechos Humanos, pero no se ha logrado permear las diferentes capas sociales, no se ha logrado bajar las leyes y que transformen realmente la vida de las personas”, explicó.La sociedad civil cumple la función de contralor de lo que hace el Estado, puede “exigir y abogar porque se lleven adelante las transformaciones”. Además, desde la sociedad civil podemos militar para que las conquistas en Derechos Humanos avancen a nivel legal, en términos de políticas públicas pero sobre todo en la vida cotidiana.Su llamado, y el de todas las organizaciones, es a “ocupar los espacios con la palabra, con la voz” para ir hacia una verdadera transformación de la sociedad.